domingo, 8 de diciembre de 2019

EL ÁRBOL DE LOS SUEÑOS-



Soñar todo el tiempo es lo que hacia la oruguita. Patti, pues su mayor anhelo era convertirse en una hermosa mariposa; no sabía que para esto habría de pasar algún tiempo.

Patti oruga era una de las muchas orugas que vivían en un manzano, al borde de una gran pradera. Era pequeñita, peluda y, sobre todo  muy traviesa. Patti se pasaba el día deslizándose por las ramas del árbol y escurriéndose entre las hojas. Lo que más le gustaba era columpiarse en el mismo borde de la rama, mientras las hojas le hacían cosquillitas. Un día cuando patinaba por una rama en la parte de afuera del árbol, se encontró un gran capullo de seda blanco anidado entre las hojas. Patti lo estudio dando una vuelta a su alrededor, pero no tenía ni la más leve idea de para qué servía aquello. Tenía tanta curiosidad que se fue corriendo a casa a preguntárselo a su madre.
Mientras reptaba por el tronco del árbol pasó delante de ella la mariposa más bonita que había visto en su vida. “¡Ay!” pensó Patti “¡Qué bonito debe ser volar así”! Se acercó al borde de la rama y gritó: “¡Señora mariposa! ¿Cómo ha llegado usted a ser tan bonita?” La mariposa siguió volando sin contestar “¡Antipática!” gruñó Patti. Así que reanudó el viaje y pronto llegó a su casa, que estaba hecha de hojas. Se deslizó por la puerta principal y se acerco a su madre. “Mamá” dijo, “hoy, mientras jugaba en el otro extremo del árbol, he visto un capullo de seda blanco ¿Para qué sirve eso?”.
Su madre la sentó sobre una seta y le dijo: “Patti, cuando las orugas saben que ha llegado el momento, hilan su propio capullo de seda. Entonces se meten dentro y se duermen. Mientras duermen, sueñan el sueño del árbol de los sueños. Cuando se despiertan, se han convertido en bonitas mariposas.” Patti se frotó la nariz y sacudió su antena. “Eso no es posible” dijo. “¿Quien se va a creer que una oruga peluda puede convertirse en mariposa?” “Pues es verdad” dijo su madre “Algún día tú y yo seremos mariposas.” Patti pensó un momento “¿Entonces por qué no vienen a contarnos cómo se sienten?” Su madre sonrió y dijo: “Algún día lo sabrás, Patti. Algún día lo sabrás.”
Patti salió diciendo “Encontraré una mariposa y le preguntaré como se siente” dijo: y pensando en ello, se fue hacia las ramas más salientes del árbol. Esperó y esperó hasta que apareció por allí una gran mariposa. “¡aham!” dijo. “Señora mariposa, ¿puede decirme qué es lo que se siente ser una mariposa?”. La mariposa miro a Patti y sonrió. Luego, batiendo sus alas se alejó volando majestuosamente. “Señora mariposa” gritaba Patti, “¿Porqué no me lo explica?”. La mariposa, desde arriba, le dijo suspirando como la brisa: “Algún día lo sabrás. Algún día lo sabrás.”
“¡Pamplinas!” dijo Patti. “Nadie me lo quiere contar.” Así que se puso a jugar, tratando de entender por qué nadie le decía lo que se siente ser mariposa. “Ya sé lo que haré” dijo. “Cuando me convierta en mariposa. Volveré a decir a todas mis amigas orugas lo que se siente.” Entonces, contenta de haber resuelto el problema, cerró los ojos y se durmió bajo el cálido sol de primavera.
Un día que estaba Patti saltando en una rama, se paró de repente al notar que su antena empezaba a temblar. “Ha llegado el momento” pensó “de que vaya a construir mi propio capullo de seda.” Se fue a la última hoja de la rama más lejana e hilo su capullo de seda. Cuando terminó, se quedó profundamente dormida, y soñó el sueño del árbol de los sueños.
Después de muchos días de descanso, Patti se despertó dulcemente y salió como pudo de su capullo de seda. se sentía diferente, se dio cuenta de que ya era una mariposa. Abrió con cuidado sus alas y sintió cómo la brisa de verano la levantaba suavemente en el aire, lejos del árbol. “Oh. debo volver y decir a los demás cómo me siento” dijo. “Pero es tan maravilloso flotar en el viento.” Empezó a volar de un lado a otro disfrutando de cada movimiento de sus alas. Mientras flotaba en el aire, vio una pequeña oruga abajo, a lo lejos, le oyó gritar: “¿Qué se siente ser mariposa?” Patti sabía cual había de ser su respuesta: “Algún día lo sabrás, pequeña oruga. Algún día lo sabrás.”

AUTOR: STEPHEN COSGROVE.  TRADUCCIÓN: FLORA FERNANDEZ Y MA. DEL PILAR NORIEGA.

¡LA ESCUELA ES DIVERTIDA!


En la Emiliano Zapata,
un gran reventón se armó,
todos llegaron a pata,
y así todo comenzó.
La directora empezó,
moviendo bien el esqueleto,
el maestro Julio la siguió,
poniendo muy buen ejemplo.
El maestro Abel pensaba,
que no se quedaría atrás,
bailo y bailo un zapateado,
como todo un desquiciado.
Viridiana muy sonriente,
a todos enseñaba el diente,
entonando sus canciones,
de todos los pachangones.
Argelia siempre tan seria,
 no quería ni hablar,
de las cosas que habría,
en ese mismo lugar.
Irais Teutle por su estado,
decidió mejor no moverse,
para evitarse un enfado,
y de la fiesta perderse.
La maestra Daysi brillo,
pero por su gran ausencia,
no le gustaba cantar,
y menos reguetonear.
Juan Carlos siempre enojado,
le gritaba al D.J.,
no pongas canciones pa´ bailar,
que lo que quiero es tomar

Bonifacia perdió la cordura,
comenzó a bailar con locura,
moviendo fuerte la cintura,
meneando el cuerpo sin censura.
La calaca tilica y flaca,
a Osvaldo le invitaba,
a mover el esqueleto,
pero con mucho respeto;
Osvaldo no se negó,
pues por su gran educación,
él jamás se negaría,
aunque no le agradaría.
Adriana ya no entendía,
lo que pasaba en la fiesta,
pues con toda su inocencia,
decidió tomar una siesta.
Dulce y Juan Vicente,
comenzaron a tomar,
fotos para evidenciar,
que todo salía excelente.
Dunia bailaba y gritaba,
y a otros regañaba,
para que no se confundiera,
pues tilica y flaca también era.
Lorena y Laura platicaban,
mientras los demás bailaban,
hablaban de la huesuda,
porque ellas tenían la duda,
si al terminar el reventón,
a todos nos llevaría al panteón.
La huesuda muy contenta,
a ultratumba regreso,
porque a las 6 de la mañana,
la fiesta se termino,
y a todos nos perdono.



AUTOR:  DUNIA GISEL GONZALEZ GASPAR.

Morgan y YO.


¿Te has tumbado alguna vez boca arriba contemplando el cielo y deseando ser otra persona distinta de la que eres?
En un lejano rincón de la Tierra de Luego, había una bella princesa que siempre estaba soñando con ser cualquier otra cosa. Mientras sus tareas en el castillo estaban por hacer, ella se pasaba el día tumbada boca arriba, soñando con pobres, princesas y gotas de rocío.
Soñaba que era pobre… y lo era. Soñaba que era princesa… y lo era. Y soñaba que era gota de rocío, pero no era gota de rocío.
Un día mientras contemplaba las nubes haciendo dibujos en el cielo, le gritó su padre desde el castillo: “Te he dicho que limpies tu habitación. Veo que no has hecho nada en todo el día más que pensar en las musarañas.”
“Voy dentro de un momento” gritó ella. Pero, en lugar de hacer caso a su padre, decidió darse un paseo por el bosque.
“no hace falta que limpie mi cuarto ahora mismo” pensaba mientras caminaba por el sendero. “Lo haré pero dentro de un ratito.”
Se adentró más y más en el bosque. Los árboles formaban un precioso arco sobre su cabeza. El musgo parecía una alfombra de terciopelo bajo sus pies.
“Debería volver antes de que me pierda. Bueno volveré… pero luego.” Y siguió avanzando por el bosque.
“Tengo mucha hambre. Buscaré comida… pero luego.”
El bosque estaba cada vez más oscuro y el camino empezaba a retorcerse. Las zarzas le rasgaban la ropa, pero la princesita sabía que más adelante el sendero sería más bonito. Además, siempre estaba a tiempo de dar media vuelta y regresar. Mientras caminaba más y más lejos, la oscuridad empezó a envolverla.
Después de caminar lo que a ella le parecieron horas y horas, vio un rayo de sol abriéndose paso entre las ramas. “Debe ser una pradera” dijo. Así que se apresuró a través de la oscuridad hacia la luz que tenía delante.
Llena de contento salió al claro. “¡Qué prado más bonito!” pensó. “Hay flores en todas las esquinas, y la hierba… ¡qué bien huele la hierba!” La princesa estaba encantada. Nunca había visto nada tan bonito. Todavía tenía hambre, y sabía que debía volver a casa. Pero siempre estaba a tiempo de hacerlo… dentro de un ratito.
Lo estaba pasando también que ya había recorrido el prado varias veces, cuando vio una silueta que se asomaba por detrás de un árbol. Se paró y miró. De pie, junto al árbol, se encontraba el unicornio más grande que había visto en su vida.
La princesa se asustó un poco. Siempre de habían gustado los caballos, las cebras y las jirafas, y un unicornio se parece mucho a un caballo. Valientemente se acercó a él y le preguntó: “¿Qué hace usted ahí plantado, Sr Unicornio?” Entonces, se dio cuenta de que el cuerno del unicornio estaba enganchado en una rama del árbol.
“Me llamo Morgan” dijo él, “y si puedes dedicarme un momento… te contaré mi historia”.
Al parecer era, Morgan era un unicornio muy juguetón. Todos los días jugaba con las abejas en el prado y un día una de ellas aterrizó sobre cuerno. Morgan se dio un susto al verla tan cerca, y se atolondró.
Todos sabemos que, si no miramos por dónde vamos, podemos tropezar con algo. Y eso es lo que le pasó a Morgan, que se fue derecho contra un árbol y se enganchó el cuerno en una rama. Las abejas se juntaron tratando de liberar a Morgan. Pero fue inútil. Al final tuvieron que abandonarle a la sombra del árbol… enganchado sin remedio.
Morgan preguntó a la princesa si podría liberarle. Si le ayudaba, Morgan le prometía ser suyo para siempre.  La princesa lo pensó un momento y dijo: “Siento de veras que estés enganchado al árbol, Morgan. Sé que debo ayudarte, y lo haré… pero luego.”
Sin pensarlo dos veces, la princesa se puso a jugar y, cuando se cansó, decidió ayudar a Morgan.  Encontró unas rosas llenas de espinas y con mucho cuidado arrancó una. Trepó al árbol donde estaba enganchado Morgan y, utilizando el tallo de la rosa como si fuera una sierra, cortó la rama del árbol. Por fin, Morgan quedó libre.
Morgan estaba muy agradecido. Aunque la princesa había tardado en rescatarle, Morgan le seguía obedientemente por el campo. La princesita se estaba divirtiendo tanto que no vio el estanque de nenúfares que había en mitad del prado. Resbaló en la orilla, cayó de bruces al agua. Tosiendo y escupiendo, de subió a un nenúfar y llamó a Morgan para que le ayudara.
Morgan sacudió sus crines, sonrió sabiamente y dijo: “Siento que te hayas caído al estanque, Princesa. Sé que debo ayudarte, y lo haré… pero luego.”
 “Es que voy a enfriarme aquí” dijo la princesa “¿No podrías  ayudarme ahora, por favor?”. La princesa se quedó un momento pensando tristemente las veces que su padre le había pedido que limpiara su cuarto y cómo ella lo había dejado siempre para más tarde. También se imaginaba cómo debía haberse sentido Morgan cuando ella le dijo que le ayudaría… pero más tarde.
Con lagrimas en los ojos y un nudo en la garganta, dijo: “Morgan, siento haber vivido siempre en la Tierra de Luego. Por favor, ayúdame.  Te prometo que, en adelante, haré siempre al momento lo que tenga que hacer en vez de dejarlo para luego.”
Morgan meneó la cabeza y bajó suavemente su duerno para que la princesa pudiera encaramarse a él y volver a la orilla. Desde entonces y para siempre, Morgan y la princesita fueron los más íntimos de todos los amigos.

AUTOR: STEPHEN COSGROVE. TRADUCCION: FLORA FERNANDEZ.

EL RUISEÑOR Y LA ROSA




—Ella me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas —murmuró el Estudiante—; pero en todo el jardín no queda ni una sola rosa roja.
El Ruiseñor le estaba escuchando desde su nido en la encina, y lo miraba a través de las hojas; al oír esto último, se sintió asombrado.
— ¡Ni una sola rosa roja en todo el jardín! —Repitió el Estudiante con sus ojos llenos de lágrimas—. ¡Ay, es que la felicidad depende hasta de cosas tan pequeñas! Ya he estudiado todo lo que los sabios han escrito, conozco los secretos de la filosofía y sin embargo, soy desdichado por no tener una rosa roja.
—Por fin tenemos aquí a un enamorado auténtico —se dijo el ruiseñor—. He estado cantándole noche tras noche, aunque no lo conozco; y noche tras noche le he contado su historia a las estrellas; y por fin lo veo ahora. Su cabello es oscuro como la flor del Jacinto, y sus labios son tan rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha hecho palidecer su rostro hasta dejarlo del color del marfil, y la tristeza ya le puso su marca en la frente.
—El Príncipe da el baile mañana por la noche —seguía quejándose el Estudiante—, y allí estará mi amada. Si le llevo una rosa roja bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja la estrecharé entre mis brazos, y ella apoyará su cabeza sobre mi hombro, y apoyará su mano en la mía. Pero como no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, tendré que sentarme solo, y ella pasará bailando delante mío, sin siquiera mirarme y se me romperá el corazón.
—Este sí que es un auténtico enamorado verdadero —seguía pensando el Ruiseñor—. Yo canto y él sufre; lo que para mí es alegría, para él es dolor. No cabe duda que el amor es una cosa admirable, más preciosa que las esmeraldas y más rara que los ópalos blancos. Ni con perlas ni con ungüentos se lo puede comprar, porque no se vende en los mercados. No se puede adquirir en el comercio ni pesar en las balanzas del oro.
—Los músicos estarán sentados en su estrado —decía el Estudiante—, y harán surgir la música de sus instrumentos, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Ella bailará tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus trajes fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarla. Pero conmigo no bailará, porque no tengo una rosa roja para darle.
Y se arrojó sobre la hierba, y ocultando su rostro entre las manos, se puso a llorar amargamente.
— ¿Por qué está llorando? —preguntó una lagartija verde que pasaba frente a él con la cola al aire.
 — ¿Sí, por qué? —murmuraba una margarita a su vecina, con voz dulce y tenue.
—Está llorando por una rosa roja —explicó el Ruiseñor.
— ¿Por una rosa roja? —exclamaron las otras en coro. ¡Qué ridiculez!
La lagartija, que era un poco cínica, se puso a reír a carcajadas. Sólo el Ruiseñor comprendía el secreto de la pena del Estudiante y, posado silenciosamente en la encina, meditaba sobre el misterio del amor.
Por último, desplegó sus alas oscuras y se elevó en el aire. Cruzó como una sombra a través de la avenida, y como una sombra se deslizó por el jardín.
En medio del prado había un magnífico rosal, y el Ruiseñor voló hasta posársele en una de sus ramas.
—Necesito una rosa roja —le dijo. Dámela y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su ramaje.
—Mis rosas son blancas —le contestó—, como la espuma del mar y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve donde mi hermana que crece al lado del viejo reloj de sol, y puede ser que ella te proporcione la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló hacia el gran rosal que crecía junto al viejo reloj de sol.
 —Dame una rosa roja —le dijo—, y te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
—Mis rosas son amarillas —contestó—, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar, y más amarillas que el Narciso que florece en el prado. Pero anda a ver a mi hermano, que crece al pie de la ventana del Estudiante, y quizás él pueda darte la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló entonces hasta el viejo rosal que crecía al pie de la ventana del Estudiante.
 —Dame una rosa roja —le dijo—, y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
—Rojas son, en efecto, mis rosas —contestó—; tan rojas como las patas de las palomas, y más rojas que los abanicos de coral que relumbran en las cavernas del océano. Pero el invierno heló mis venas, y la escarcha marchitó mis capullos, y la tormenta rompió mis ramas y durante todo este año no tendré rosas rojas.
—Una rosa roja es todo lo que necesito —exclamó el Ruiseñor—; ¡sólo una rosa roja! ¿No hay manera alguna de que la pueda obtener?
—Hay una manera —contestó el rosal—, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtela.
—Dímela —repuso el Ruiseñor—. Yo no me asustaré.
—Si quieres una rosa roja —dijo el rosal—, tienes que construirla con tu música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu corazón. Debes cantar con tu pecho apoyado sobre una de mis espinas. Debes cantar toda la noche, hasta que la espina atraviese tu corazón y la sangre de tu vida fluirá en mis venas y se hará mía...
—La propia muerte es un precio muy alto por una rosa roja —murmuró el Ruiseñor—, y la vida es dulce para todos. Es agradable detenerse en el bosque verde y ver al sol viajando en su carroza de oro y a la luna en su carroza de perlas. Es muy dulce el aroma del espino, y también son dulces las campanillas azules que crecen en el valle y los brezos que florecen en el collado. Sin embargo, el Amor es mejor que la vida, y, por último, ¿qué es el corazón de un ruiseñor comparado con el corazón de un hombre enamorado?
Y, desplegando sus alas oscuras, el ruiseñor se elevó en el aire, cruzó por el jardín como una sombra, y como una sombra se deslizó a través de la avenida.
El Estudiante seguía echado en la hierba, como lo había dejado; y las lágrimas no se secaban en sus anchos ojos.
— ¡Alégrate! —Le gritó el Ruiseñor—. ¡Siéntete dichoso, porque tendrás tu rosa roja! Yo la construiré con mi música, a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo único que pido en cambio, es que seas un verdadero amante, porque el Amor es más sabio que la Filosofía, por muy sabia que ésta sea, y es más poderoso que la Fuerza, por muy fuerte que ella sea. Las alas del Amor son llamas de mil tonalidades, y su cuerpo es del color del fuego. Sus labios son dulces como la miel, y su aliento es como la mirra silvestre.
El Estudiante levantó la vista de la hierba y escuchó, pero no comprendió lo que decía el Ruiseñor, porque él sólo podía entender lo que estaba escrito en los libros.
En cambio, la encina comprendió y se puso a balancear muy tristemente, porque sentía un hondo cariño por el pequeño Ruiseñor que había construido el nido en sus ramajes.
—Cántame, por favor, una última canción —le susurró la encina—, porque voy a sentirme muy sola cuando te hayas ido.
Y el Ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que cae de una jarra de plata.
Cuando terminó la canción del Ruiseñor, se levantó el Estudiante y sacó del bolsillo un cuadernito y un lápiz.
—He de admitir que ese pájaro tiene estilo —se dijo a sí mismo caminando por la alameda—, eso no puede negarse; pero ¿acaso siente lo que canta? Temo que no, debe ser como tantos artistas, puro estilo y nada de sinceridad. Jamás se sacrificaría por alguien, piensa solamente en música y ya se sabe que el arte es egoísta. Sin embargo, debo reconocer que su voz da notas muy bellas. ¡Lástima que no signifiquen nada, o que no signifiquen nada importante para nadie!
Luego entró en su alcoba, y, echándose sobre su cama, comenzó de nuevo a pensar en su amor. Después de unos momentos se quedó dormido.
Cuando la luna alumbró en los cielos, el Ruiseñor voló hacia el rosal, y apoyó su pecho sobre la mayor de las espinas. Toda la noche estuvo cantando con el pecho contra la espina, y la luna fría y cristalina se inclinó para escuchar. Toda la noche estuvo cantando así apoyado, y la espina se hundía más y más en su carne y la sangre de su vida se derramaba en el rosal.
Cantó primero al nacimiento del Amor en el corazón de los adolescentes. Entonces, en la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo como canción tras canción. Al principio era pálida, como la niebla que flota sobre el río; pálida como los pies de la mañana y plateada como las alas de la aurora. La rosa que floreció en la rama más alta del rosal era como el reflejo de una rosa en un cáliz de plata, era como el reflejo de una rosa en espejo de agua.
El rosal le gritó al Ruiseñor para que apretara más su pecho contra la espina.
— ¡Apriétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o el día llegará antes de haber terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más contra la espina, y más y más creció su canto porque ahora cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un joven y de una virgen.
Y un delicado rubor comenzó a cubrir las hojas de la rosa, como el rubor que cubre las mejillas del novio cuando besa los labios de su prometida.
Pero la espina no llegaba todavía al corazón del corazón, y el corazón de la rosa permanecía blanco, porque sólo la sangre de un ruiseñor puede enrojecer el corazón de una rosa.
 Y el rosal le gritó al Ruiseñor para que se apretara más aún contra la espina.
— ¡Apriétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o llegará el día antes de haber terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más aún contra la espina, y la espina al fin le alcanzó el corazón. Un terrible dolor lo traspasó. Más y más amargo era el dolor, y más y más impetuosa se hacía su canción, porque ahora cantaba el Amor sublimado por la muerte, el Amor que no puede aprisionar la tumba.
Y la rosa del rosal se puso carmesí como la rosa del cielo del Oriente. Su corona de pétalos era púrpura como es purpúreo el corazón de un rubí.
La voz del Ruiseñor ya desmayaba, sus alitas comenzaron a agitarse, y una nube le cayó sobre sus ojos. Su canto desmayaba más y más, y sentía que algo le obstruía la garganta.
Entonces tuvo una última explosión de música. Al oírla la luna blanca se olvidó del alba y se demoró en el horizonte. Al oírla la rosa roja tembló de éxtasis y abrió sus pétalos al frescor de la mañana. El eco llevó la canción a la caverna de las montañas, y despertó a los pastores dormidos. Luego navegó entre los juncos del río que llevaron el mensaje hasta el mar.
— ¡Mira, mira —gritó el rosal—, la rosa ya está terminada!
Pero el Ruiseñor no contestó, porque estaba muerto con la espina clavada en su corazón.
Ya era eso del mediodía cuando despertó el Estudiante; abrió la ventana y miró hacia afuera.
— ¡Caramba, qué maravillosa visión! —exclamó—. ¡Una rosa roja! En mi vida he visto una rosa semejante. Es tan hermosa que estoy seguro que tiene un nombre muy largo en latín.
Se inclinó por el balcón y la cortó.
En seguida se caló el sombrero, y con la rosa en la mano, corrió a la casa del profesor.
La hija del profesor estaba sentada cerca de la puerta, devanando una madeja de seda azul, con su perrito a los pies.
—Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja —exclamó el Estudiante—. Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. Esta noche la prenderás sobre tu corazón y como bailaremos juntos podré decirte cuánto te amo.
Pero la jovencita frunció el ceño.
—Me temo que no va a hacer juego con mi vestido nuevo —repuso—, Y, además el sobrino del Chambelán me envió unas joyas de verdad, y todo el mundo sabe que las joyas son más caras que las flores.
—Eres una ingrata incorregible —dijo agriamente el Estudiante, y tiró con ira la rosa al arroyo donde un carro la aplastó al pasar.
— ¿Ingrata? —Dijo la muchacha—. Yo te digo que eres un grosero. ¿Qué eres tú, después de todo? Sólo un estudiante, y ni siquiera creo que lleves hebillas de plata en los zapatos, como lo hace el sobrino del Chambelán.
Y muy altanera se metió en su casa.
— ¡Qué cosa más estúpida es el Amor! —se dijo el Estudiante mientras caminaba—. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no demuestra nada y le habla a uno siempre de cosas que no suceden nunca, y hace creer verdades que no son ciertas. En realidad no es nada práctico, y como en estos tiempos ser práctico es serlo todo, volveré a la Filosofía y al estudio de la Metafísica.
Y al llegar a su casa, abrió un libro lleno de polvo, y se puso a leer.
Oscar Wilde

Deficiencias en la comprensión lectora.



Leer; es comprender, interpretar el mensaje del autor y brindar una opinión propia sobre lo leído.
Los tres procedimientos de lectura son: recuperar información, elaborar una interpretación y/o valorar el contenido y la forma del texto
Dependiendo del tipo de texto y de su propósito, será la manera en que se haga la lectura.
La competencia lectora se define como la capacidad de comprender, utilizar y analizar textos escritos para alcanzar los objetivos del lector; desarrollar sus conocimientos y posibilidades de participar en la sociedad.
Hay dos formas de procesamiento:
1)     una forma inductiva, donde el lector con los significados creados por las partes componentes del texto intenta acomodarlas en su red semántica.
2)     La otra forma es deductiva donde el lector crea un significado tentativo e intenta acomodarlo dentro de las palabras, oraciones y párrafos del texto.
El intercambio de procesos inductivo – deductivo se hace automático. La automaticidad de procesos básicos es sumamente importante, es decir, cuando los patrones básicos de movimiento se automatizan, la mente se libera y hay recursos cognitivos para utilizar en otros aspectos. Mientras más automática sea nuestra memoria por vocabulario, nuestra capacidad de capturar grupos de palabras en un solo vistazo, elaborar preguntas conforme vamos leyendo, mayor será nuestra probabilidad de interpretarlo.
La comprensión de textos implica la “construcción de una representación semántica, coherente e integrada del mismo” (Arnoux, Nogueira, Silvestri, 2003, p.1), “...supone que el lector sea capaz de develar las relaciones de coherencia entre las frases” (De Vega, Carreiras, Gutiérrez-Calvo, y Alonso- Quecuty, 1990, p.107). De tal forma que sujeto y texto intervienen directamente en el proceso de la comprensión lectora.
En nuestro sistema educativo la comprensión lectora se vincula al logro de aprendizajes y por este medio se puede: interpretar, retener, organizar y valorar lo leído.
En el sujeto lector, la comprensión lectora es de suma importancia, pues permite: estimular su desarrollo cognitivo – lingüístico, fortaleciendo el auto-concepto (da seguridad personal). Y su dificultad incide directamente sobre el fracaso escolar, el deterioro de la autoimagen, lesiona se sentido de competencia, trayendo como consecuencia: ansiedad, desmotivación en el Aprendizaje y manifestaciones diversas de comportamientos inadecuados en el aula.

Entre los factores que influyen en las dificultades de la comprensión lectora están:
a)    Deficiencias en la decodificación: La falta de dominio de esta habilidad impide la comprensión, ya que se destina gran cantidad de la energía para realizar  el proceso de decodificación, dejando pocos recursos cognitivos para la implementación de estrategias de comprensión, es decir su mecánica lectora, no ha alcanzado los niveles de automatización necesarios.

b)    Pobreza de vocabulario: El conocimiento léxico del lector, la posesión de un vocabulario rico y bien interconectado es condición necesaria para la comprensión de textos. Por lo tanto los lectores que identifican un menor número de palabras por tener un vocabulario reducido, tendrán dificultades para entender las relaciones entre las  palabras y las proposiciones, por lo que no podrán acceder a la comprensión lectora. El tener un vocabulario, amplio, rico, bien interconectado es una de las características de los lectores hábiles.

c)    Escasez de conocimientos previos: Solo con la utilización de la información previa que tenemos almacenada en la memoria podríamos generar redes de conocimiento en donde relacionemos unos textos con otros, recordando ejemplos y dando un mayor sentido  al texto leído.
d)    Problemas de memoria: La memoria de trabajo permite mantener la información recién leída y procesada por un corto período de tiempo mientras se procesa la nueva información que se va leyendo al mismo tiempo que  recupera  conocimientos previos de la memoria a largo plazo . Para tal fin, es indispensable que en la lectura los recursos de atención y memoria queden liberados de los procesos de decodificación e identificación de las palabras, ya supuestamente automatizados. Cualquier dificultad a nivel de la atención y de la memoria de trabajo interfiere en la posibilidad de extraer las relaciones semánticas y sintácticas entre las palabras y recordar el sentido de las frases leídas para captar el significado global del texto. Sin embargo la lectura constante combate directamente el problema de la memoria ya que la mente se mantiene activa.
e)    Desconocimiento o falta de dominio de las estrategias de comprensión: Un déficit estratégico en la lectura estaría dado por una actitud pasiva del lector carente de esfuerzo hacia la búsqueda y construcción del significado y por lo tanto sin un ajuste de las estrategias de lectura a las demandas de la tarea y del texto. En relación a este aspecto, existe un consenso entre los investigadores sobre la necesidad de enseñar de manera explícita estrategias de comprensión lectora a los alumnos, como se expuso anteriormente.  Dichas estrategias consistirían en: Plantear objetivos de lectura, Anticipar el contenido del texto, Realizar hipótesis de lectura, Realizar inferencias completando la información con conocimientos previos, Verificar si las predicciones se cumplen, Modificar las mismas en caso de no corroborarse, Controlar que se esté comprendiendo.
f)    Escaso control y dirección del proceso lector: La conciencia de las habilidades y estrategias necesarias para llevar a cabo la lectura y la capacidad para guiar, revisar, evaluar y controlar dicha actividad son indispensables para la comprensión de textos. Muchos lectores desconocen los niveles estructurales de los textos, no integran los niveles léxicos, sintáctico y semántico; para ajustar sus estrategias en función de las metas de la lectura y las características del texto.
g)    Problemas como la dislexia y disgrafía. Problemas de aprendizaje que requieren de una amplia investigación.
A pesar de que un extenso vocabulario y cohesionado, es una condición necesaria e importante para la comprensión, no asegura por si sola la obtención del núcleo de información contenida en el texto. Teoría de las redes: las personas tienen almacenado y organizado el conocimiento que adquieren a través de sus múltiples experiencias en forma de una malla, red asociativa, o esquema de conocimientos. Se considera que el conocimiento de los individuos varía en función del número de conceptos (nodos) que tienen disponibles en la memoria y también en  función de la organización (riqueza y profundidad de las asociaciones) y accesibilidad de la información (la fuerza de las asociaciones). Si el lector tiene pocos conceptos y escasa información sobre el tema de que trata no alcanzará el nivel de comprensión y por lo tanto interpretación deseada.
En el enfoque cognitivo se manejan niveles de comprensión lectora: La comprensión lectora como una habilidad Psicoanalística para extraer el significado de un texto pasa por los siguientes niveles:
- Nivel de Decodificación. Tiene que ver con los procesos de reconocimiento de palabras y asignación al significado del léxico.
- Comprensión Literal. Se refiere a la capacidad del lector para recordar escenas tal como aparecen en el texto. Se pide la repetición de las ideas principales, los detalles y las secuencias de los acontecimientos, la exploración de este nivel de comprensión será con preguntas literales con interrogadores como: Qué?, Cuál?, Cómo?, etc.
- Comprensión Inferencial. Es un nivel más alto de comprensión exige que el lector reconstruya el significado de la lectura relacionándolo con sus vivencias o experiencias personales y el conocimiento previo que se tenga respecto al tema, objetivo de la lectura de acuerdo a ello plantea hipótesis o inferencias. Busca reconstruir el significado del texto y para explorar si el lector comprendió de manera inferencial, se deben hacer preguntas hipotéticas.
- Comprensión critica. En este nivel de comprensión el lector después de la lectura, confronta el significado del texto con sus saberes y experiencias, luego emite un juicio crítico valorativo y la expresión de opiniones personales acerca de lo que se lee. Puede llevarse en un nivel más avanzado a determinar las intenciones del autor del texto, lo que exige un procesamiento cognitivo más profundo de la información. Pues es propio de los lectores que se encuentran en la etapa evolutiva de operaciones formales (según Piaget). No obstante la iniciación a la comprensión crítica se debe realizar desde que el niño es capaz de decodificar los símbolos a su equivalente oral
La formación de hábitos de lectura es un proceso complejo que debe empezar desde los primeros años y que requiere de la atención de los maestros como de los padres si se desea lograr buenos resultados, para ello se debe tener en cuenta lo siguiente:
·         Cuando el niño ya está en el colegio y comienza a leer
·         Cuando un niño llega a la adolescencia se debe tratar sobre algún tema que realmente lo apasione, puede despertar su interés, apartarlo de su apatía y acercarlo a la lectura.
·         La lectura tiene que ser incorporada entre los hábitos del niño como un acto voluntario que le reporte placer y satisfacción, no como una obligación o un deber.
·         No se debe comparar las habilidades de lectura del alumno con las de otros niños. Cada lector tiene su propio ritmo de aprendizaje.
·         Cuando el alumno termine alguna lectura, no se debe someter a un interrogatorio o examen. Sino tratar de entablar una conversación para saber lo que más le gustó y por qué, así como para intercambiar ideas.









 LIC. DUNIA GISEL GONZALEZ GASPAR.